El número de parados registrados en las oficinas del INEM de la Comunidad Valenciana aumentó el mes de enero en 31.021 personas (y eso sin contar a los desempleados que se quitó de en medio Jesús Caldera), una cifra que sitúa ya el problema de la falta de empleo en tragedia nacional sin que de momento el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero sea capaz de ponerle remedio o, por lo menos, freno. Con esta cifra el número de desempleados en la región valenciana se coloca ya en las 388. 845, números que son algo más que cifras: personas que viven el drama humano diario de no tener nada que hacer y, lo que es peor, nada o poco que ingresar en sus cuentas corrientes.
Son así miles las familias que conocen ya muy de cerca la crisis; esa misma que habían negado por activa y por pasiva prohombres actuales como Pedro Solbes, Pepe Blanco o el mencionado Zapatero que se empeñaba en colocarnos en la Champions League de la economía jugando con un equipo y en una liga de "tercera regional". El problema del paro puede acompañarnos hasta bien entrado el año 2011 y todavía hoy no hemos visto respuesta alguna, propuesta, reivindicación o solución por parte de unos asalariados sindicatos que, como la bienpagá, se muestran más apesebrados y cercanos al poder que nunca. Curiosamente cuando peor viene pintada la cosa con la crisis cebándose –como gusta denunciar a los sindicatos donde gobierna el PP- con el más débil; resulta que UGT y CC OO (comandados por Rafael Recuenco y Joan Sifré) le montan una manifa al Gobierno de Francisco Camps.
La jugada les ha salido mal porque la opinión pública valenciana ha tomado nota de la manipulación y el sectarismo de esos sindicatos mayoritarios que, supuestamente, representan a los trabajadores. La participación en la mencionada protesta rozó el ridículo pero lo peor es la imagen que han transmitido a la sociedad valenciana que no "traga" con el seguidismo al Gobierno de Zapatero y la virulencia que habitualmente emplean UGT y CC OO contra todo lo que tiene que ver con el PP y el Gobierno de Camps.
Resulta también chocante que esos mismos sindicatos que a la mínima se echan a la calle contra el Consell rechazando, por cierto, cualquier intento de diálogo; sí se apresuren a reunirse en un cálido despacho con el Delegado del Gobierno en la Comunidad Valenciana, Ricardo Peralta. Cita en la que -salvo palmaditas en la espalda y acusaciones al Consell, en vez de exigir respuestas al Ejecutivo central- poco se ha aportado al futuro laboral y desde luego nulo rédito han sacado los más de 300.000 parados valencianos.
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