El ministro de Sanidad, Bernat Soria, empieza a dar muestras de
su tremenda incapacidad. Goza el valenciano de buena prensa, un error que achaco
al desconocimiento del personaje ya que, como diría San Lucas,
por sus obras lo conoceréis… Actuación a actuación se diluye esa coraza, en
forma de halo mediático, y se va haciendo justicia a la verdadera dimensión
política de Soria que, a mi juicio, no debería superar la
altura del betún. Alguien que no es capaz de redactar bien –desconozco si de
manera intencionada o no- ni su propio curriculum no puede estar al frente de la
salud de los españoles y gracias, por el bien común, que su Ministerio carece
prácticamente de competencias.
Pero los ciudadanos –que siempre van por
delante de periodistas y políticos- dictaron sentencia el 9-M y castigaron
severamente al científico más pelota de la historia reciente de España (que al
poco de ser nombrado reclamó el premio Nobel de la Paz para José Luis
Rodríguez Zapatero por lo "bien" que gestionaba las negociaciones con
ETA) aupando a Federico Trillo a una victoria histórica del PP
en las urnas de Alicante, pero es evidente que ZP no captó el
mensaje y le hizo repetir en el cargo. Ahora, pocos días después de prometer el
cargo, se produce el primer patinazo. Lo peor es que habrá más.
Por
muchas explicaciones, argumentos y perogrulladas que esgrima el ministro;
pregunten ustedes a productores, agricultores, comerciantes o consumidores sobre
qué opinan de la "alerta sanitaria", con su correspondiente carga de alarma
social, decretada el pasado viernes. Pregunten también a nuestros socios de la
Unión Europea, y a sus autoridades, que todavía no salen de su asombro sobre
todo lo relacionado con la gestión de la crisis oleica del Gobierno de España.
Seguramente se ha hecho un daño al sector que, además de ser innecesario, puede
resultar irreversible. Y es que ya sabemos la especial sensibilidad que hay en
España, con razón, sobre el tema del aceite.
Y digo el título que
Soria es incapaz hasta de crear cortinas de humo porque he oído
a algún tertuliano especular sobre que la malísima gestión de la crisis podría
estar relacionada con la intención de tapar los no menos malos resultados
históricos del desempleo o tapar igualmente el pago del rescate a
piratas y filibusteros en aguas somalíes. Nada de eso: pura incompetencia del
personaje.
Lo peor de todo es que las justificaciones a tan nefasta
decisión estarán basadas en las falsedades que caracterizan al Consejo de
Ministros de Zapatero muy familiarizado con el embuste (al
trasvase, la negociación con ETA o la crisis que ridiculiza día a día a
Pedro Solbes me remito). En mal día fue a debutar en la
dirección general de Consumo Etelvina Andreu. Los dos,
Soria-Andreu, prometen tardes de gloria para
la clase periodística. Sería hasta divertido si no se tratase de la salud de
todos los españoles. Y lo peor de todo es que Robin, el
contacto de Messenger del ministro, todavía sigue en "reparación" y no he podido
preguntarle sobre el aceite en cuestión.
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