Vaya por delante que no entiendo la actitud equívoca de Esperanza Aguirre del no pero sí. Tal vez la madrileña actué así porque no hay que ser un lince para aventurar que Mariano Rajoy será el presidente proclamado el 22 de junio en el plenario del cónclave popular. No tengo tan claro que Rajoy vaya a ser el cartel electoral de 2012 porque mucho tiene que llover (y se me antoja que en su caso caerán chuzos de punta) hasta esa convocatoria con citas tan importantes por delante como las elecciones vascas, gallegas o europeas. Mucho me temo que las urnas pueden dar una estocada mortal al líder del PP.
Poco antes de las elecciones de 2012 una Junta Directiva Nacional del PP, y posterior convención electoral, elegirá al cartel de los populares. Los estatutos, aunque sí la lógica, no recogen que el presidente del partido sea a la fuerza el candidato para las generales. Sí lo manda la tradición y la breve historia del Partido Popular, pero siempre hay una primera vez. Puede ser el momento de Aguirre y, ¿por qué no?, de un Alberto Ruiz-Gallardón que permanece inusualmente callado.
Estos días se viene hablando de que un líder del PP tiene que contar a la fuerza, por pura supervivencia y para que "salgan las cuentas", con el beneplácito de Pedrojota Ramírez y de Jiménez Losantos (o lo que es lo mismo: COPE y El Mundo), pero no subestimen a un candidato popular con el respaldo de Prisa: Ruiz-Gallardón. Y esto que ahora puede sonar un tanto descabellado; no lo sería tanto en 2012 con un Rodríguez Zapatero desgastado y, sobre todo, con un Grupo Prisa muy disgustado –y con las arcas mermadas- por el cómo pueda transcurrir la llamada "guerra del fútbol" y los favores de ZP a sus amigos de Mediapro, La Sexta, Público…
Lo único que puedo ahora mismo afirmar con cierta rotundidad es que al final todos en el PP serán amigos después de junio –aunque la amistad sea de conveniencia y dure más bien poco-, todos salvo Francisco Camps y Eduardo Zaplana. Las declaraciones de este último sobre la falta de sintonía entre los dos abren un panorama nuevo -no porque la enemistad sea reciente sino por el reconocimiento del enfrentamiento en si- que no sé como terminará… además de mal.
Recuerdo ahora aquel congreso en Valencia, el de la sucesión, en el que un animado, locuaz y chistoso José María Aznar –a pocos meses de tener que decidir digitalmente su recambio en el PP- elogiaba la "limpia operación" de sustitución de Zaplana por Camps. "Me tienes que dar la fórmula, Eduardo", decía Aznar, felicitando a todo el PP valenciano por "el cambio ejemplar y tranquilo". Visto como está ahora el partido de Mariano Rajoy: no tengo duda de que han copiado la sucesión Zaplana-Camps.
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