María Teresa Fernández de la Vega no es que se meta en todos los charcos, es que los crea ella para luego revolcarse dentro y llenarse tanto de barro como para protagonizar uno de esos anuncios de Micolor. ¿Se acuerdan?: sí, el de los dos payasos. Y es que no se puede catalogar de otra manera (payasada) la forma de actuar del tándem Lerma-Blanco-De la Vega. Han echado un pulso a los históricos del PSPV y lo han perdido desde el primer segundo, desde que pusieron los codos en la mesa. Entraron Lerma y la vicepresidenta al PSPV como elefante en cacharrería y ahora lo están pagando con creces. El último vapuleo, el nulo respaldo a las candidaturas con la negativa de un 53% de la dirección.
Y es que se han enfrentado a todos los sectores imponiendo criterios lejos de la realidad del socialismo valenciano. Gracias a Prisa se cargaron a Ignasi Pla; ahora curiosamente un periodista de ese grupo, Ferrán Bono, es la "estrella" de la candidatura. Metieron la zarpa en los cachorros socialistas (Joves Socialistes) y, con perdón, la cagaron. Se pelearon con Rafael Rubio, pisotearon a José Luis Abalos, machacaron a Jorge Alarte, se pasaron por el arco del triunfo las opiniones de Alicante y Castellón y arrinconaron, como mecedora vieja, a Jordi Sevilla para después defenestrar a su mano derecha, Ricard Torres… acciones que hasta un niño de párvulos sabe que son echar cerilla a polvorín.
Y tanto va la cerilla a la pólvora que al final estalla. Y lo ha hecho con un rechazo que ha caído como carga de profundidad en La Moncloa de José Luis Rodríguez Zapatero. Las cuentas salen y la catástrofe socialista en la Comunidad Valenciana puede tener dimensiones bíblicas, más por errores propios que por méritos ajenos. No hay que ser muy listo para que te salgan las cuentas: si la candidatura del PSOE cuenta con el rechazo del 53% de los dirigentes socialistas (votantes del PSOE) imaginen el poco apoyo que van a obtener de la ciudadanía, que ni es dirigente ni militante.
Según me comenta algún histórico dirigente socialista, la clave del inminente fracaso está en Fernández de la Vega que, desde que ha llegado a Valencia, sólo ha sabido restar y no sumar. Eso es política suicida. De momento, y tras embarrarse por completo, siempre que la vicepresidenta se mete en la lavadora sale limpia pero decolorada igual que el payaso que no usa detergente Micolor.
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