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No me cabe en la cabeza que más de uno se haya sorprendido de que José
Montilla haya reeditado el Tripartido en contra de tirios y troyanos y
que a Zapatero le haya ninguneado. Montilla,
después de su fracaso electoral, que era de prever porque le faltaba
pedigree y en Cataluña el pedigree vale mucho, no podía hacer
de mamporrero de Artur Mas en ninguno de los supuestos. Mírese
por donde se mire.
¿De verdad a alguien se le había ocurrido que el PSC
iba a doblar la cerviz ante el PSOE? Si eso lo pensó algún socialista por un
momento es no conocer ni a Cataluña ni a los catalanes, y mucho menos a los
catalanistas. Y en el PSC todos son primero catalanistas y después socialistas.
Un poco, pero al revés, como aquello que dijo Felipe González
cuando dimitió como secretario general del PSOE: "Primero socialistas, después
marxistas". Lo del nuevo Tripartito o Entesa, nombre copiado de la Entesa dels
Catalans de la época del histórico socialista Josep Benet, es
todo un tratado político que serviría de ejemplo incluso a mi admirado
Maquiavelo. Los perdedores terminan de triunfadores, los
ganadores acaban derrotados y el pueblo votador, que les dice a unos y a otros
que nones, y por eso no acudieron a votar o lo hicieron en blanco, se siente
confirmado como el tonto de la película. En fin, más complicado que La saga
de los Rius de Ignacio Agustí.
CiU es un mar de
lágrimas porque no logra asumir una victoria tan fracasada. Y además porque sabe
que en el futuro ya no le servirá ganar símplemente; necesitará la mayoría
absoluta, y eso cada vez será más difícil, porque el que da subvenciones,
arregla carreteras y acumula votos cautivos, es el que gobierna. Al PNV no lo
echan ya del País Vasco ni aunque fueran a votar todos los exiliados. La
clientela que generan estas sociedades endogámicas es gigantesca, porque las
cadenas se multiplican de forma exponencial: familia a familia, funcionario a
funcionario, colocado a colocado, favor a favor… de forma infinita hasta votar
siempre a los mismos.
O sea, que la Entesa puede durar tanto como
Jordi Pujol. O más. A no ser una catástrofe o que
Carod-Rovira proclame el Estat Catalá, como
Companys, y todo se revolucione y entonces el Barça ya no pueda
jugar contra el Madrid. La cara de angustia de Artur Mas, por
tanto, no es porque metiera la pata con el vídeo famoso en campaña, sino porque
sabe que su futuro en la oposición puede ir para largo. Ni porque
Zapatero no haya cumplido su palabra, según ha dicho
Jordi Pujol en un ejercicio de humor maravilloso, sino porque
cada día se levantará pensando cómo es posible que un cordobés soso, feo y
andaluz le haya birlado el sillón a él, saleroso, guapo y patriota catalán. De
poco le sirve que amenace a Zapatero, cuando
Zapatero depende de otras muchas cosas, entre ellas no tocar
las narices al PSC, no sea que se le rebele, y entonces le sería peor.
Montilla es un luchador nato, político de trinchera,
chusquero aguerrido y sacrificado que tiene mucho mérito. El que ha llegado a
ser presidente de Catalunya siendo cordobés es de estudio. Tiene que ser muy
fino, muy listo, muy paciente y muy zorro para haberlo conseguido. A este hecho
no se le ha dado el suficiente valor político y cultural que tiene en Cataluña.
Montilla tendrá un triple reto: ser más catalán que los
catalanes, mejorar al "malcriado" Pasqual Maragall y aguantar
las embestidas independentistas de Carod-Rovira. Más difícil
que pedir créditos a "La Caixa" y armar líos como el de Endesa-Gas Natural.
Zapatero es un malabarista, ya lo hemos escrito aquí.
Siempre se ha movido en la complicación política -en León lo saben bien- y se
adapta al terreno mejor que un 4x4 con tracción a las cuatro ruedas. Sabrá
reconvertir el aparente fracaso, aunque Carod-Rovira se la
tiene jurada con lo del Estatut y los cuernos que le puso con Artur
Mas. Le preparará algún lío de Estado y amenazará con amancebarse con
Artur Mas, que siempre le estará esperando. Una Generalitat con
CiU y ERC sería una bomba antiespañola. Por eso José Montilla,
en medio de esta butifarra negra catalana, es un mal menor. En Cataluña, visto
lo visto, las cosas siempre pueden empeorar. Que se lo pregunten a
Piqué, que a pesar del resultado aceptable del PP, menos malo
del previsto, estará de oyente.
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